Quedé con ellas en la Linea3-verde salida Liceo. Era extraño, en un principio teníamos que ser unos siete y ahora tres, dos chicas y yo. Diréis que qué suerte, pero suerte es una excusa envuelta en el paradigma de la eterna especulación. Haz y deshaz, eso no es suerte: es acción. Sandra y Adriana siempre llevaban alcohol así que no había problema. Allí nos plantamos, delante del Maremagnum, dos niñas y dos botellas el suave Cutty y el picante JB. La noche prometía etanol, me sonreía entre sorbo y sorbo. La noche es un gran lubricante. Si la dejas fluir. Hablamos de lo más importante, nada. Llegó un negro grandote y empezó a molestar. Pasábamos de él y era peor, claro. Me levanté con las dos botellas en la mano. Le sacaba un brazo y dos gramos de alcohol en sangre. Le miré con cara de “me la suda romperte la cara a botellazos” Lo entendió. Bendito lenguaje etílico.
S era alta, esbelta y morena, con pelusilla de rubio desteñido. Harta de su oscuridad se pintaba de amarillo y blanco. Todos estamos hartos de algo, eso promete otros detalles. Adri era pequeña y pelirroja, cara y cuerpo infantil. Contrastaba con una especie de pose dura. Yo pasaba, bebía, observaba, degustaba, hablaba, decantaba, escuchaba y lamía.
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Vivía al lado de las ramblas. La excusa perfecta. Como todos esos pisos vacíos, estúpidos y snobs del centro de Bcn no tenía ascensor. Si eres tonto crees que es un inconveniente. Era un segundo, un tercero real, por esas cosas que tienen los números que sirven para todo menos para contar. Las coloqué una delante y otra detrás, yo en medio. A la de delante le metí mano por la ingle. A la de detrás le acaricié la cara y el cuerpo … Empujaba de una y tiraba de la otra. No es para tanto.
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Se quedarían a dormir, la una con más cuento que la otra y viceversa. Al llegar una dudaba y se fue un momento. Con la otra empezamos a comernos las bocas. Vuelve y lo tiene claro, se queja y dice que no quiere saber nada de tríos. Cuando nos lo explica, sentencia, entra y juega.
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La primera vez que vi sexo fue en una cristalería, era muy pequeño. Me quedé absorto ante la belleza de piel al rojo vivo, elástica, tersa, suave. La ensartaban en un tubo grueso y, al soplar, aparecía el vacío de una boca que gemía, crecía en circunferencia, enrojecía y parecía gotear. Una pinzas largas aparecían de la nada. Sacaban capullos y pezones en punta, con alfileres suaves, lisos, tibios, frágiles y peligrosos. Pequeños picos que no sabía a qué me recordaban. El vidrio asexuado es subyugado y penetrado por unas herramientas que, a su vez, son penetradas, llenadas, lamidas y mojadas por ese terciopelo rojizo. El final es un orgasmo cristalino que deja un cuerpo transparente y frágil, terriblemente débil.
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A corre al baño.
- Oye, ¿por qué te vas? Vente a dormir con nosotras.
- No… suficientes veces, no quiero que mañana me duelan los huevos… seré incapaz de no… – y le guiño un ojo a ver si se calla.
- Qué cabrón, entonces ella…
- A escupir.
- Y luego duele… ¿Verdad?... Así que ella para el final…
- Soy un caballero…
- Imbécil –ríe y sonrío- ¿cómo supiste?
- Nah, no sabía. Lo supe durante. Nada más.
Me mira, mira la puerta. La luz es menos que tenue. Me advierte.
-Te guardaré el secreto pero, dí-me-lo.
- Mientras bebía se metía la botella dentro, hasta la lengua. Mordía el plástico, frenaba lo que no sabía. Sujetaba su calor con los dientes. Cuando bebías se relamía el labio superior… Cuando la pillé se sonrojó.
- ¿Y yo?
- ¿Tú? Nos mirabas a los dos, éramos tus presas. Creo que le tenías más ganas a ella.
- Y lo de la escalera, ¿crees que no te veía?
- Bueno, si contigo lo tenía perdido, tenía que usarla para tenerte y viceversa… creo… Ella pedía cariño así que la toqué donde quería, tu querías sexo…
- … y me acariciaste…
- Nadie sabe lo que quiere así que da, lo que no quieran.
- Pero y ella con lo…
- Mira, hay mucho imbécil que se queja que, cómo tío, no puede disimular el estímulo sex-
-Pedante.
- ual… pero no es así. Todos los cuerpos hablan, con más intensidad, con más sutileza, con… lo que sea… Pero las frases son las mismas: se enrojece, se hincha, se humedece…
- ¿Y tú? ¿Qué querías tú?
Miro el techo. No estoy en blanco. Se sienta encima mia, me busca en algún lado. No estoy. Me acaricia con el pelo. Empieza y el último orgasmo llega a punto para que A pueda sentirlo. Dolor de ojos y huevos.
