6.11.09

El virtuós

Enmig de la batalla, va sonar una marxa de tambor que tocava a l’atac. Els pocs homes que hi quedaven, baldats, ofegats i en inferioritat numèrica, van obeir el tambor. Carregaren amb fúria, amb ràbia irracional contra l’enemic. Simplement amb el poc raciocini per clavar baionetes, mastegar i escopir carn humana. Finalment, els pocs d’ells que van sobreviure, van reconèixer en el tamboriner a un heroi. Era un visionari que contra tot pronòstic els havia guiat cap a la victòria fins i tot en un moment on el més segur era la mort. El noi del tambor, espantat encara per la crueltat de les imatges que havia vist, no va poder pronunciar ni un sol mot. Va restar immòbil, esblanqueït. Aleshores va fer l’únic que podia fer en aquell moment. El tambor va ressonar tocant a càrrega. Els supervivents cridaren esgarrifosament, bojos d’eufòria, triomfals. L’heroi va ser lloat i condecorat. El reclamaven de tots els racons del país. L’heroi, l’exemple que existeixen persones exemplars. Perplex per tant de rebombori, no va negar-se, no obstant això, a assistir a cap festa de lloança. Van acabar per assignar-lo al front més perillós de la guerra. Aquest era el premi exacte per al soldat modèlic –va reflexionar. Les tropes el necessitaven imperiosament ara que la situació era més delicada que mai. Rodejat de mort i sense esperança de sobreviure, va pensar que en la seva migrada formació li havien d’haver ensenyat a tocar alguna altra marxa.

2.11.09

me levanto sobre mí mismo
encima de mi cabeza
y clavo,
con todas mis fuerzas
apretando la mandíbula,
mordiéndome la yugular fangosa,
una escalera para subirme encima
de mi mismo.
apenas quedan surcos en mi carne hendida
por las patas de la tristeza.
subo peldaños a contracciones etílicas
de minuto masticado de segundos de
plástico. la honestidad no duele, respirar no duele,
morir no dolerá la mitad del que clava la sinapsis:
mis ideas a presión queriéndome librar del dolor que me inflijo a aradas de negatividad que me brota como saliva negra y limón ácido.
el Líquido respira con altivez, levanta la barbilla
como un monstruo de gelatina verde
hecha de lágrimas y mocos: -patética pena insulsa-
sé que no soy yo porque el amanecer no me canta, no oigo el sol,
no oigo el crepitar de la rotación y las niñas se ríen
de mí.
*
¿quieres rascar debajo de cada letra?
¿cavar detrás de cada palabra?
quieres conseguir encontrarme: “por eso me escribo”
soy digno porque un innumerable ejército de:
... no pudieron conmigo,
lo soy porque mi honestidad vale más que el hundimiento.
mi peor enemigo está dentro, y saber que soy débil
no me entusiasma nada.
mataré al jodido elefante porque lo voy a encontrar.
¡le voy a arrancar la puta trompa!... me falta paciencia
y me dedico a cazar olas otra vez, otra vez, otra vez y otra y otra
en la orilla me ahogo porque soy débil pero prefiero obligarme a nadar
aunque nadar hiere, aunque llore llagas…
voy a tenerme y a erguirme a puñetazos o a patadas
como poseedor de mi bien más preciado:
yo conmigo mismo subido a mi cabeza encima de una escalera que está encima de mi cabeza subida en una escalera que está dentro de mi cabeza.

24.10.09

Métro poli teint

« Mademoiselle ! De la tête aux pieds ! J’ai horreur qu’on m’appelle Madame ! »

Il lui avait fallu moins de quelques secondes pour me rembarrer, un mince filet d'œil perçant une écharpe qui l’emmitouflait. C’est drôle, en fait c’est à moi qu’elle demandait de l’argent. Pressé comme tout parisien qui se respecte, je lui avais dit que non, désolé, et bonne journée Madame. Aïe ! Belle boulette que voilà. En m’engouffrant dans la rame, je repassai mentalement les rencontres fortuites et étranges ayant eu pour cadre un tunnel de métro. Belle galerie des horreurs.

Du haut de mon parisianisme, je songeai aux touristes, innombrables à se perdre dans les dédales poisseux et malodorants d’une ville lumière s’apparentant de plus en plus à une ville néon. Quand j’étais petit, je faisais les yeux ronds devant les images de ces braves japonais entassés dans un métro blanc comme neige de Tokyo, tassés comme autant de fidèles soldats nippons par un fonctionnaire à l’éternel masque buccal, grippe ou pas grippe.

Quatre fois par jour, vingt-huit fois par semaine, cent douze fois par mois... Dans le métro, il y a ceux qui passent et ceux qui restent. Moi je reste, lassé, insensible, vitreux et presque transparent. Combien de fois a-t-on joué Bésame mucho en ma compagnie ? Combien de tubes moldaves, susurrés ou criés, ai-je à peine écoutés, l’oreille mollassonne et distraite, l'œil braqué sur un poème minimaliste d’un anonyme célébrant le va et vient d’une cannette dans une rame ?

Du béton en toile de fond. Du gris en deuxième toile de fond. Tu parles d’une croûte. Sur le quai de La Chapelle c’était une jeune femme en larmes qui s’efforçait d’égayer le tout.

Dans le panthéon moderne des métronautes, l’urbain a ça de moisi qu’il nous transforme en des êtres semi-mécaniques, des sardines à ressort capables de fendre la foule sans même frôler une épaule, un bras, une jambe.

J’enfonce la porte d’un coup mûrement mesuré. Je monte les escaliers et me voilà dehors... Tiens, il pleut...

17.10.09

Part One: "The Beginning" (now in its original form)

The most giraffesque authorities closed themselves inside that sexual room, in order to debate. They wanted to define the term "pythonesque", establish it in dictionaries, popularize it in communes, tattoo it on inmates. The definition, devoid of control, jumped from bald head to bald head, ungodly, farfetched, mangorrinic. Months passed, some of their heads blew up, leaving scattered pieces of brain rummaging the tiles; the definition now skied all around the sinaptic remains. A couple years later someone opened the door to the room and found the corpses, turned into improvised chairs where the souls, bored, sat to have tea and talk 'bout shrubberies. Distinguished authorities, diminished, happy. No one informed them. No one told them they had become that very definition. Fuck'em.

The room is open for visitors only if they like cement and have been part of a pantomime horse. Other visitors who stroll about are clubbed to death and fed to the meercats.

Part One: "The Beginning"

Se encerraron las más girafescas autoridades, en esa sala sexual, para discutir. Querían definir el término "pythonesco", instalarlo en los diccionarios, popularizarlo en las comunas, tatuarlo en los reclusos. La definición, incontrolable, saltaba de calva en calva, impia, rocambolesca, mangorrina. Meses pasaron, algunas de sus cabezas estallaron, dejando trozos de cerebro hurgando los azulejos; la definición ahora esquiaba por los restos sinápticos. Un par de años más tarde alguien abrió la puerta de la sala y se encontró los cadáveres, convertidos en sillas improvisadas donde las almas, aburridas, se sentaban a tomar té y discutir sobre parterres. Ilustres autoridades, degradadas, felices. Nadie les informó. Nadie les contó que ellas se habían convertido en esa misma definición. Que les den.

La sala puede visitarse de lunes a sábado, horario variable según como circulen los fluídos sanguíneos de los canaletes. Visitas comentadas altamente recomendables (los visitantes corren el riesgo de no entender y ver como sus estómagos se rebelan y les muerden las nalgas).


| Fin de la primera parte de un tributo en tres partes a Monty Python.

5.10.09

GREATEST HITS

Lo que nos mueve a engaño es que las imágenes-recuerdo, e incluso las imágenes-sueño o ensoñación, pueblan una consciencia dándole necesariamente un ritmo caprichoso o intermitente, pues se actualizan según las necesidades momentáneas de esa consciencia.


La imagen-tiempo, GILLES DELEUZE


David tiene un vicio y es que si un álbum no le gusta en una primera escucha lo guarda en un cajón o elimina la carpeta. Con esta operación a David a menudo le sucede que, habiendo escuchado un disco que le parece interesante, recupera álbumes anteriores de ese mismo grupo y cajón que ya no creía que pudiesen gustarle. Un ejemplo: a raíz de la escucha del Subliminal Verses de Slipknot, que le fascinó, optó por volver a probar con el Iowa, un álbum que repudiaba sobremanera. Ahora veía en este último elementos, fórmulas y actitudes que para él eran antes totalmente invisibles. Lo mismo le sucedió con Supertramp; después de escuchar 20 veces el Crime of the century advirtió que ese crescendo progresivo de la última parte de “School” ya lo había oído alguna vez, en un tema que detestaba, sí, era un compás muy parecido al de “Another man's woman” del Crisis, what crisis?, que aunque es de 1975 -un año posterior al Crime-, fue el primer álbum de Supertramp que tuvo en sus manos, con el que descubrió al grupo y que más tarde no podría dejar de escuchar. Ahora David está triste y reconoce esa misma actualización del juicio estético en su situación con la amiga del concierto del extrarradio. Han compartido una serie de momentos juntos que no habían significado nada, que David había guardado en un cajón y que ahora, a la manera de imágenes-recuerdo, le atacan por la noche como si fueran demonios. David ha idealizado esos recuerdos, un chiste en una estación de Linea 3, un brindis en una terraza de Sant Andreu, un viaje a Sorrento que hicieron con sus amigos el año pasado y que ahora se le hace insoportable recordar, como si todas esas experiencias, sensaciones, gestos, miradas fueran en realidad encuentros de una vida pasada que David desea volver a disponer en su reproductor, recuperarlos sin más y decir esto no lo escuché bien, no recuerdo que sonara así, por suerte aún puedo disfrutarlo.

Pero no puede.

Porque la memoria es un archivo que se recupera dolorosamente.


1.10.09

Arbeit (III)

Cádaver Dorina, cádaver dorado negro... yo mismo aprendí a mirarla divertido y curioso. La conocí en un Hostal de la Compañía, yo era un crío y recepcionista entonces. Venía y me decía:
- Look at my tongue Niñato… Mirra, mirra. – Me ensañaba un piercing que se acababa de poner. Sonreía contentísima, como si tuviera dieciséis años, sólo que tenía casi cuarenta y su salud, después lo supe, muchos más.
Normalmente no me interesa la vida de nadie, no voy preguntando y escuchando los problemas de la gente. En el trabajo era diferente porque me sentía uno más, era uno más, aunque casi todos me pegarían una paliza a gritos de mentiroso si lo supieran… creo que lo harían incluso ahora. Los escuchaba, preguntaba qué tal y lo hacía sinceramente y me lo contaban. Estábamos todos encerrados en el mismo mundo, en la misma jaula de vida, vendiendo nuestras manos, mentes y nuestro tiempo para que otros descansaran. Trabajar en el descanso de otros… En fin.
Hablar con muchos era bastante anodino, historias que no me decían nada. Luego había otros que eran sencillamente una ficción imposible. Cádaver era uno de estas ficciones imposibles proyectadas en cruda realidad, eso sí. Media vida paseada por tres cuartos de mundo a cambio de siete novenos de su vida. Perdónenme las fracciones, intento explicar facturas vitales y no sé hacerlo. Poco a poco en Isladesencanto Cádaver fue madurando o tomando consciencia de pasado, presente y futuro. Primero se juntó con Cejijunto: aburrido, feo, corto, ignorante… pero un buen hombre que jamás la abandonaría, le daría un problema, se portaría mal y totalmente loco por ella. Luego peleó con los servicios sociales para recuperar a sus dos hijos pequeños. Para ello consiguió ser fija en la Compañía como camarera. Fue su primer trabajo fijo, seguramente el único. Cuando los consiguió se quitó el piercing de la lengua, se cortó el pelo, pidió no tener día libre. Me gustaría decir que focalizó su furia lúdica-vital en asentar algo, pero jamás dejó esa parte de su ser de lado del todo, lo restringió un poco, nada más. ¿Qué pasó? Un día me hablo de Lolita. Su primera hija, su primer error, la dejó en manos de su padre un militar Tailandés afincado ahora entre Alemania y los Países Bajos. La dejó porque no quería responsabilidades, porque no tenía nada que ofrecer a la niña y el padre sí podía ocuparse de ella.
- Pero now es diferrente… Niñato quiero ir a buscarla, sé dónde está… Necesito unos días. Three… -la miré.
- Habla con los demás, no puedo cubrirte, yo también hablaré con ellos. Lo arreglaremos.
Y lo arreglamos sin saber qué pasaría. Una vecina avisó que los niños estaban solos, Cejijunto no supo qué hacer ni decir ante los servicios sociales, se los llevaron al segundo día. Cuando Cadáver volvió primero enrojeció de furia. Luego palideció. Su piel no se recuperó. Más tarde incluso empeoró. Lolita era lista, afortunadamente, y ayudaba a su madre a llevarlo. Cadáver pudó ver a los críos tres o cuatro veces por semana el primer mes. A mediados del segundo los recuperó. Durante el tercero Lolita se vengó. En cualquier caso pasó a tener gotitas de vida que le dejaron seguir un poco más. Yo seguía trabajando sabiendo, sin poder hacer nada, con mis problemas, con los problemas de los demás, con los problemas del trabajo, con un saco muy grande y lleno. No es un queja, no fastidien, todos sabemos qué es saber. Saber duele, mejor no saber, mejor ignorar qué pasa, la felicidad del tonto que llaman… Siempre he sido incapaz de hacer eso, quiero conocer y saber más, sé que sé demasiado poco y aún así no puedo negar haber deseado no desconocer… La estupidez elemental de ser yo, Niñato, la rata, un gordo idiota.
Uno crece por lo que ve y vive, no por el tiempo que pasa. El tiempo es para morir, ni siquiera para envejecer, jamás para crecer. Tú también eres, estás, y estuviste en esa supervivencia que es latir. Uno tiene que estar atento a su alrededor aunque le duela, aunque no sepa qué hacer. Se puede envejecer sin darse cuenta de nada. No sé hacerlo. Te conviertes en una burbuja en que los sentimientos propios son puras anécdotas al lado de los duelos de los demás. El problema es que luego jamás te atreves a pedir ayuda, compañía quizás sí, pero ayuda: imposible. Mi mayor dolor minimizado por las esquinas oscuras y hundidas que son el sufrimiento de los demás. Aún con todo hiende y me produce llagas que no son ni más grandes ni más profundas: son mías y me callo. La misantropía no callaba ni a borbotones de borrachera. Al menos, eso sí, gritaba, me enfadaba, perdía la calma y alejaba todo: amistad, amor, compañía y autoestima. A finales de verano todo estaba perdido, igual que al principio. Nadie está encontrado. Perdición es autodestrucción sin paliativos desde y hacia dentro. Como mucho se trata de un abrazo justo en el lugar adecuado. Vivir es acabar con ello.
No sé en qué momento recomenzó su pesadilla. No me quisé fijar. Volvió a ir al baño cada dos por tres, a querer hacer horas extras. Siempre sonriendo, Cádaver, atenta con los clientes que estaban encantados con ella mientras le dejaban propinas. No lo dejó de hacer en toda esa larga, cargada y eterna temporada que se arrastraba por la vida de todos como un arado, degollándonos el espíritu y estirado por nosotros mismos.